Si lo vas a hacer, que sea antes de morirte

plumas estilográficas

“Mientras estuvo en vida”, “antes de morirse”, “aún en vida”, “cuando aún no había muerto”… Tiemblo cada vez que leo alguna de estas expresiones. ¿Y qué tienen de malo? Lo diré: que suelen meter en un jardín a su autor, porque a veces forman parte de un enunciado en el que nada tendría sentido si el sujeto sobre el que recae la acción estuviera muerto.

Un ejemplo:

“Antes de morirse, hizo testamento”.

(¿Podría alguien hacer testamento después de morirse?).


Más razonable sería añadir información de calidad; de esta forma, la frase acaba por cobrar sentido.

Dos años antes de morirse, hizo testamento”.

“Dos años antes de morirse” funciona aquí como complemento circunstancial de tiempo. Nada que objetar, pues.

Rescato mi reticencia hacia estas expresiones porque hace unos días (09/08/2015) leí en El País una semblanza muy elaborada sobre la figura de José María Ruiz Mateos, recientemente fallecido. Transcribo uno de los párrafos, que comienza con un entrecomillado en el que el empresario expresa un deseo. (Señalo en negrita la expresión chirriante):

“Cuando ponga en pie 100.000 puestos de trabajo, estaré listo para morir”, declaró en su día, hace más de 30 años. No llegó a conseguirlo, pero la herencia que dejan sus empresas constituye el mayor y más accidentado historial judicial que haya provocado nunca un ciudadano en España: más de 1.500 procesos judiciales, entre los que se incluyen tres sentencias y un auto del Tribunal Constitucional. A pesar de ello, declaró mientras estuvo en vida que el caso Rumasa nunca fue juzgado”.

Aquí se da, creo, un error conceptual, o, si lo preferimos, una torpe obviedad: como ocurría con nuestro querido testador, difícilmente podría haber hecho esa declaración si no estuviera vivo.

Un último comentario. Al inicio del párrafo leemos “estaré listo para morir”. Hilando demasiado fino, podríamos pensar que “mientras estuvo en vida” es una ironía que sirve para dotar al párrafo de estructura circular. Sin embargo, no creo que esa presunta circularidad sea voluntaria. La semblanza me ha parecido documentalista y neutra; el autor no se singulariza y, por tanto, no cabe en el texto la ironía.

En fin. Tengo para mí que este tipo de expresiones las carga el diablo. Conviene evitarlas: no añaden información y resultan algo ingenuas. En este aspecto no creo que yo cambie de opinión… mientras esté vivo.


¡Nos vemos en el siguiente post sobre corrección de estilo!

[sc:francisco]

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