Ola ke ase

plumas estilográficas

Por extraño que pueda parecer, hay filólogos, lingüistas, escritores y educadores que defienden la mala escritura en determinados canales. En opinión de estos “eruditos”, es aceptable escribir faltas de ortografía, errores gramaticales o palabras abreviadas (irreconocibles, en muchos casos) en aras de un lenguaje nuevo que atiende no tanto a las normas establecidas, sino a las necesidades puntales de quienes se comunican en ese entorno.

Para estas personas, no hay nada reprochable en frases como esta:

“Ola ke ase qdamos para tomar algo o tu tb te kedas oi en kasa”.

Esta flexibilidad por parte de quienes deberían inculcar el buen gusto por el idioma en vez de contemporizar con usos incorrectos no se da, por ejemplo, en el mundo de la cocina, la música o el deporte, donde la exigencia no se entiende como la actitud propia de carcamales o reaccionarios. Si me apuran, diría que esa permisividad de usos inadecuados no se da en casi ningún ámbito. Sería difícil encontrar un profesor de cocina que felicite al alumno por chamuscar la paella o un entrenador que se entusiasme con un atleta que recorra los 100 metros lisos en 20 segundos; ahora bien, si chamuscas el lenguaje no pasa nada. Siempre habrá quien, en un ejercicio de buen rollo, se ponga de tu parte. Y si esa bonhomía ayuda a vender libros donde se defiende la mala escritura, mucho mejor.


Dentro de unos límites, yo mismo tengo cierta tolerancia a la hora de leer determinados textos (wasaps, MSN, mensajes en foros de Internet… por no hablar de los sobrevalorados subtítulos de las películas extranjeras) en los que el respeto a las buenas formas gramaticales brilla por su ausencia. Ahora bien, mi tolerancia tiene un límite. No me gustan los abusos, y obligar al lector a pelearse con escritos donde los numerosos errores lingüísticos dificultan la comprensión es un abuso. La escritura es comunicación, y toda comunicación implica un mínimo de rigor para que el destinatario pueda captar con claridad el mensaje que se pretende transmitir.

A quienes defienden la escritura chapucera disfrazada de modernidad deberían servirle comida chamuscada en alguna ocasión, para que puedan mirarse en el espejo de sus propias contradicciones.

–Disculpe, camarero, pero estas tostadas están quemadas.

–Ah, no se preocupe. Es que en esta cafetería estamos en la onda y hemos decidido adaptarnos a los nuevos tiempos. Aquí somos alternativos.

¿Comprará el defensor de la mala escritura esa intolerable disculpa gastronómica, tal como pretende que nosotros le compremos la idea de que escribir mal es aceptable en determinados entornos?

Muchos de los alumnos que se acostumbran al uso de un lenguaje empobrecido se sorprenden –y se quejan– una vez suspenden un examen por emplear un lenguaje deficiente, cuando no incomprensible. ¿Es necesario recordar que las empresas acostumbran a visitar los perfiles de los candidatos en Facebook y que la mala escritura es sinónimo de mala imagen?

Lo diremos ya: fuera del reducido entorno gobernado por el “ola k ase” los profesores no suelen ser tan comprensivos como los gurús de la mala escritura. De las empresas, siempre a la búsqueda del mejor candidato, ni hablemos.

 

Conclusiones

El objetivo de las normas por las que se rige la lengua castellana no es otro que el de favorecer la comunicación. El español no es un idioma perfecto, pero es maravilloso. Siempre habrá quien lo desvirtúe por pereza, por vacilar o para ocultar sus faltas gramaticales, las cuales quedan opacadas en un lenguaje de por sí agramatical como es el del ola ke ase.

Si un grupo de personas quiere expresarse en estos términos, están en su derecho. Por lo que a mí respecta, pueden comunicarse mediante señales de humos. No es lo recomendable, pero es su elección. Más difícil es de entender por qué personas que deberían abanderar la corrección de la lengua compadrean con modas pasajeras de muy corto recorrido.


Francisco Rodríguez Criado es escritor, corrector de estilo y editor de blogs de literatura y corrección lingüística.

Imagen: Pixabay

Libros que sí defienden el buen uso del lenguaje

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