Los latiguillos. ¿Debemos evitarlos?

plumas estilográficas

¿Qué son los latiguillos?

Despejemos las dudas cuanto antes: en términos lingüísticos, un latiguillo no es un látigo pequeño ni un latinajo, sino una palabra o expresión que se repite en una frase más por costumbre que por necesidad.

Al margen de que cuente con acepción propia en el mundo del bricolaje (que aquí no nos interesa), el latiguillo también tiene cabida en el ámbito del teatro o de la oratoria, donde funciona como un recurso declamatorio con el que dar énfasis a una expresión en un intento de provocar un impacto determinado en los espectadores.

En este último caso, el latiguillo es buscado; sin embargo, es muy habitual leer y escuchar latiguillos empleados de manera inconsciente, quizá bajo la influencia de la moda lingüística imperante. De ahí que los latiguillos con frecuencia estén sujetos a fecha de caducidad, y al cabo de los años caigan en el olvido… para ser reemplazados por otros.


Otros nombres con los podemos referirnos a los latiguillos son giros, muletillas, lugares comunes, tópicos

 

Ejemplos de latiguillos

Son muchos los latiguillos que escuchamos o leemos en el día a día. Estos podrían ser algunos de ellos:

 

La verdad es que…

¿Vale?

¿Me entiendes?

O sea…

No sé si me explico…

Para nada…

Bueno pues…

Todos y todas…

 

¿Es incorrecto escribir latiguillos?

Debemos tener en cuenta, como decíamos al principio, que el latiguillo es una expresión que se repite con frecuencia y sin necesidad. Dicho esto, no parece muy recomendable, si se pretende un lenguaje culto y elegante, el empleo de los latiguillos.

latiguillos
Imagen: Pixabay

Se me ocurren, no obstante, algunas situaciones en las que el latiguillo podría tener sentido:

–Para dar mayor expresividad al discurso de un personaje de una novela o una película.

–Para forzar un estilo de redacción que pretenda ser campechano o popular.

–Para imitar –de manera peyorativa– a ciertas personas que se expresan con latiguillos.

–Para hacer humor. Recordemos, por ejemplo, al humorista Chiquito de la Calzada, recientemente fallecido, tan proclive a los latiguillos. ¿O acaso no lo recordamos por expresiones como “Hasta luego, Lucas”, “pecadorr” o “por la gloria de mi madre”? Sin estos latiguillos, sus chistes no hubieran sido lo mismo.

 

¿Debe el corrector de estilo eliminar/reformular los latiguillos?

Esta es una buena pregunta. A veces el corrector, en su búsqueda de un lenguaje purista, puede alterar negativamente el estilo del autor. Quizá sería sensato consultar con él este tema, es decir, advertirle de su tendencia a los latiguillos y sopesar entre ambos si tiene algún sentido su uso.

En lo personal, me molestan bastante los latiguillos, sobre todo si se emplean hasta la extenuación. No obstante, como digo, hay que tener en cuenta si es un distintivo del estilo del autor, porque en este caso a lo mejor no quiere renunciar a ellos.

 

Conclusión sobre los latiguillos

Al ser expresiones enfáticas, carentes de originalidad, conviene no abusar de ellos e incluso desterrarlos (si hemos elegido expresarnos con elegancia).

Pero no todo ha de ser cultura y elegancia en el lenguaje. Si un latiguillo tiene una función expresa (como las que he señalado arriba), no hay ningún problema es usarlo.

En cualquier caso, escucha a tus interlocutores. Si estos se quejan de tus latiguillos, hazles un favor y busca otras expresiones. ¡No seas cansino, por la gloria de mi madreeee!


Francisco Rodríguez Criado es escritor, corrector de estilo y editor de blogs de literatura y corrección lingüística. Sus cuentos y microrrelatos han aparecido en revistas del género y en algunas de las mejores antologías.

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