Los latiguillos. ¿Debemos evitarlos?

los latinajos

Despejemos las dudas cuanto antes: en términos lingüísticos, un latiguillo no es un látigo pequeño ni un latinajo, sino una palabra o expresión que se repite en una frase más por costumbre que por necesidad.

Al margen de que tiene acepción propia en el mundo del bricolaje (que aquí no nos interesa), el latiguillo también tiene cabida en el ámbito del teatro o de la oratoria: se trata aquí de un recurso declamatorio con el que dar énfasis a una expresión tratando de provocar un impacto determinado en los espectadores.

Subrayar los libros

En sus memorias profesionales, Antes de que se me olvide, José Martínez de Sousa –quizá la mayor eminencia filológica que ha dado España en décadas– cuenta que, llevado por su respeto a los libros, rara vez escribe en sus páginas ni subraya conceptos, palabras o párrafos, y que a lo sumo se atreve a dibujar una oreja de perro en la parte superior cuando tiene que cerrar el libro y necesita señalar un punto de lectura.  

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Corrección de estilo (5): Los descartes de Mourinho

El medio de turno ha publicado la imagen de cada jugador con su correspondiente pie de imagen y una nota adjunta. Siento decirlo, pero en esos ocho textos breves que acompañan a las imágenes de los jugadores hay errores lingüísticos. En el vídeo explico, además, que en muchas ocasiones leemos información errónea y, sin embargo, la procesamos de manera correcta. Y citaba otro reportaje de la prensa deportiva en el que había un error que todos, o casi todos, corregíamos sin darnos cuenta. En ese artículo se nos decía que Cristiano Ronaldo había marcado 240 goles en 218 minutos. ¡240 goles en menos de cuatro horas! ¡Imposible! Podéis leer aquí ese artículo, A veces interpretamos bien porque leemos mal, publicado aquí mismo hace un año y medio.

Corrección de estilo en vídeo (3): Dime cómo tratas a las comas y te diré cómo redactas

Sigo haciendo pruebas con el programa que captura en vídeo lo que se ve en mi ordenador. Esto me permite explicar algunos aspectos de la corrección de estilo en vivo, por así decirlo, por ejemplo, en ediciones del día de periódicos digitales. 

Hoy hablo sobre las comas y rescato dos casos que, aun siendo muy básicos, inducen a confusión. En uno de los casos se escribe la coma por error y en el otro se omite, igualmente por equivocación. 

Los puntos suspensivos. 8 situaciones en las que podemos usarlos

Los puntos suspensivos

Los puntos suspensivos, bien usados, pueden dar mucho juego sobre el papel. Tienen, entre otras virtudes, la capacidad de reproducir la expresividad de un personaje sin necesidad de dar demasiadas explicaciones. Aunque solo sea por eso merece la pena dedicarles esta entrada. 🙂

Lo primero que hay que decir sobre los puntos suspensivos (ellipsis, en inglés) es que son tres. Es una obviedad, cierto, pero resulta bastante común leer manuscritos en los que los puntos suspensivos son dos o cuatro (cuando no cinco). Lo segundo es que para leerlos en voz alta debemos hacer una entonación abierta, dejando así claro ese aire de suspensión tan característico suyo.

Antiguamente se les llamaba puntos seguidos, y como tal los recogía la primera Ortografía española (1741). La Academia comenzó a llamarlos “puntos suspensivos” a partir del Diccionario de 1869. Y desde entonces ahí siguen, diciendo mucho gracias al truco de no decir casi nada.   

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El lenguaje en Facebook

El lenguaje en Facebook
Facebook, red social en la que el lenguaje deja mucho que desear

Imagina que eres propietario de una panadería y tienes un pequeño problema: no entiendes a tus clientes cuando te solicitan un producto. No sabes si quieren una barra de pan, una baguete, un bollo de pan, un donut de chocolate o media docena de pastas para el café.

¿He escrito “pequeño problema”? Bien mirado, no es tan pequeño, porque la comunicación es lo que gobierna las relaciones humanas en todos sus ámbitos. Si no sabes qué quieren tus clientes, tendrás que preguntárselo, indagar, averiguar. Lo ideal es que esa comunicación verbal se establezca desde el principio de manera natural, sin necesidad de preguntas y repreguntas.



He puesto el ejemplo de la panadería, pero podría haber elegido el de los alumnos que aun teniendo buenos conocimientos en una asignatura suspenden el examen por mala caligrafía y peor redacción.

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Hablando se entiende la gente (incluidos el corrector y el autor)

Hablando se entiende la genteLa idea que pretendo transmitir en este post es la siguiente: Hablando se entiende la gente. Y el corrector y el autor no pueden ser una excepción.

Una vez que el autor acepta el presupuesto y le envía el manuscrito al corrector, debe abrirse, por así decirlo, una ronda de consultas para aclarar ciertos asuntos. El corrector no puede olvidarse del autor y embarcarse en la corrección sin contar con él. Si ese diálogo no se establece, podrían surgir al final ciertas desavenencias que no agradarán a ninguno de los dos.

Así pues, lo mejor es hablar –e incluso platicar, si fuera necesario– desde el principio. El corrector querrá contar con cierta información antes de meterle mano al manuscrito… Querrá saber, por ejemplo, si el autor:

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La braquilogía no es una afección de los bronquios

braquilogía

Posiblemente hayas escuchado hablar en alguna ocasión de la braquilogía. Pero no, no es una afección de los bronquios, qué va. No vas a encontrar una braquilogía en una radiografía, sino en un texto. Seguramente hayas echado mano de ella en tus escritos aun sin saberlo.

Aclaremos de qué va el asunto. La palabra braquilogía procede del griego (brachýs, breve, y logía, discurso). Se trata de una figura elíptica que consiste en sustituir una expresión de cierta complejidad por otra más simple mediante el proceso de eliminar palabras de la construcción original.

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Tipos de corrección de textos

tipos de corrección de textos

Después de varias semanas sin publicar ningún post en este blog, he decidido que hoy puede ser un buen día, como diría Serrat. El motivo de mi ausencia es precisamente el exceso de trabajo. Me han encargado en los últimos tiempos bastantes correcciones de estilo, y eso me ha impedido escribir –vaya paradoja– textos reflexivos sobre la corrección de estilo y su circunstancia, que es la razón de ser de este espacio.

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