Hablando se entiende la gente (incluidos el corrector y el autor)

Hablando se entiende la genteLa idea que pretendo transmitir en este post es la siguiente: Hablando se entiende la gente. Y el corrector y el autor no pueden ser una excepción.

Una vez que el autor acepta el presupuesto y le envía el manuscrito al corrector, debe abrirse, por así decirlo, una ronda de consultas para aclarar ciertos asuntos. El corrector no puede olvidarse del autor y embarcarse en la corrección sin contar con él. Si ese diálogo no se establece, podrían surgir al final ciertas desavenencias que no agradarán a ninguno de los dos.

Así pues, lo mejor es hablar –e incluso platicar, si fuera necesario– desde el principio. El corrector querrá contar con cierta información antes de meterle mano al manuscrito… Querrá saber, por ejemplo, si el autor:

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La braquilogía no es una afección de los bronquios

braquilogía

Posiblemente hayas escuchado hablar en alguna ocasión de la braquilogía. Pero no, no es una afección de los bronquios, qué va. No vas a encontrar una braquilogía en una radiografía, sino en un texto. Seguramente hayas echado mano de ella en tus escritos aun sin saberlo.

Aclaremos de qué va el asunto. La palabra braquilogía procede del griego (brachýs, breve, y logía, discurso). Se trata de una figura elíptica que consiste en sustituir una expresión de cierta complejidad por otra más simple mediante el proceso de eliminar palabras de la construcción original.

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Tipos de corrección de textos

tipos de corrección de textos

Después de varias semanas sin publicar ningún post en este blog, he decidido que hoy puede ser un buen día, como diría Serrat. El motivo de mi ausencia es precisamente el exceso de trabajo. Me han encargado en los últimos tiempos bastantes correcciones de estilo, y eso me ha impedido escribir –vaya paradoja– textos reflexivos sobre la corrección de estilo y su circunstancia, que es la razón de ser de este espacio.

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La mala ortografía. Un tema para el debate

la mala ortografia

Para muchas personas la buena ortografía no ha sido nunca una prioridad. No hay más que darse una vuelta por las redes sociales para sufrir la ligereza con la que algunos muestran al gran mundo sus deficiencias lingüísticas. Algo sorprendente, pues las redes sociales son, antes que nada, palabra escrita.  Podremos compartir en nuestro muro de Facebook deseos, frustraciones o reflexiones mediante vídeos o imágenes, pero la gran herramienta en Internet es, sin duda, la escritura. Y si esta es llamativamente errónea, el lector podría desviar su atención del contenido para centrarse en su agramaticalidad.

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5 consejos que te ayudarán a mejorar tu escritura

5 consejos que te ayudarán a mejorar tu escritura

Escribir con la máxima corrección y pulcritud es, a partir de cierto nivel, una cuestión de matices. He llegado a esta conclusión después de leer numerosos manuscritos y libros redactados con una prosa digna que acaban malogrados por culpa de errores comunes, fáciles de evitar. Ocurre, en estos casos, que la buena impresión inicial se resiente antes o después. Puede que el lector común –entiéndase las cursivas– no repare en estos pequeños errores, pero un lector avezado sí que se va a dar cuenta, y no va a poder reprimir un mohín de disconformidad. (Donde hay un buen lector siempre hay un gran censor y donde hay un gran censor siempre hay un mohín de disconformidad).

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¿El azúcar o la azúcar? (Sustantivos ambiguos)

¿El azúcar o la azúcar?

Días atrás, mientras tomábamos café, un amigo le reprochó a otro que hubiera dicho “Pásame la azúcar” en vez de “Pásame el azúcar”. El interpelado, poco sensible a disquisiciones lingüísticas, se encogió de hombros, aceptó la corrección de sumo agrado (al fin y al cabo, quien tiene boca se equivoca) y prosiguió con entusiasmo su narración doméstica (que no voy a detallar, pues no viene al caso).

Pero ¿tenía razón el amigo que defendía que azúcar es un sustantivo masculino? La tenía y no la tenía. Quiero decir: “el azúcar” es correcto, pero también lo es “la azúcar”.

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5 métodos sencillos para hacer copias de seguridad de tus textos

Copias de seguridad de tus textos

Algunos medios de comunicación divulgaron hace poco la estampa de Gideon Hodge, un escritor desconocido –al menos para mí– que reside en Nueva Orleans (ojo: es incorrecto escribir Orleáns, con tilde). El buen hombre fue captado por las cámaras mientras corría desesperado para salvar de las llamas su ordenador, donde guardaba dos novelas terminadas aunque no publicadas. Muchos se mofaron de él en las redes sociales, perplejos de que hoy día haya alguien que no conserve en la Red una copia de sus archivos personales más importantes. (Yo mismo escribí un artículo –respetuoso, eso sí– en el que comentaba la desesperación de Hodge por salvar su obra del fuego.)

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11 locuciones habitualmente mal escritas

11 locuciones adverbiales habitualmente mal escritas

Es frecuente leer unidas palabras juntas que, en el buen uso del castellano, deberíamos escribir separadas.

Ocurre con mucha frecuencia, por ejemplo, con las locuciones. Algunas personas tienden a convertir locuciones de dos palabras en una, y locuciones de tres palabras en dos.

Sin más dilación, veamos 11 casos de locuciones habitualmente mal escritas. El error, ya se ha dicho, es que no se respeta la correcta separación  de las palabras que la forman.

 

1 De repente

Locución adverbial que significa “súbitamente”. Son incorrectas las voces “derepente” y “derrepente”.

2 De acuerdo

Locución adverbial que significa “con conformidad o igual opinión”. Es incorrecto escribir “deacuerdo”.

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Diana Quer, Cristiano Ronaldo y la mala prensa

Diana Quer, Cristiano Ronaldo, mala prensa

Decimos que una persona, un colectivo o una actividad tienen mala prensa cuando cualquier referencia a ellos viene envuelta en una crítica negativa. Aunque ahora la expresión “tener mala prensa” significa “tener mala imagen” o “tener mala reputación” sin necesidad de estar asociada a los medios de comunicación, estos siguen siendo el dedo inquisitorio que puede enviar de por vida a un pobre mortal a la pira de la reprobación social.   

Un ejemplo de personaje público con mala prensa, haga lo que haga, es Cristiano Ronaldo. Da igual que sea uno de los mejores futbolistas de todos los tiempos, da igual que suponga un ejemplo de superación para millones de chicos y chicas, da igual que afrontara la muerte de un padre alcohólico eligiendo el sano camino del deporte, da igual que apoye causas altruistas, da igual que haya donado 165.000 dólares para un centro que lucha contra el cáncer y 83.000 para un niño que necesitaba una neurocirugía… Nada de eso importa. Cristiano Ronaldo es chulo, prepotente, engreído. Y no hay más que hablar.

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¿Podar los textos nos hace mejores escritores?

mejores escritores

Es moneda corriente la creencia de que podar un buen puñado de palabras supone un digno ejercicio literario y una norma muy productiva para mejorar el estilo de nuestros escritos. Lo he oído hasta la saciedad: en talleres literarios, en presentaciones de libros, en artículos sobre corrección o sobre creación literaria, en entrevistas a escritores, etcétera. Me cuesta refrenar un mohín de rechazo cuando escucho o leo afirmaciones tan tajantes como “recortar es perfeccionar”, y no porque esté en contra de este postulado, sino por la ausencia de matices. En estos casos no puedo evitar pensar en otra verdad a medias, igual de manida: “beber agua en grandes cantidades adelgaza”. Pues depende: si uno bebe dos litros y medio de agua diarios pero al mismo tiempo se atiborra a comer dulces, es dudoso que llegue a adelgazar.

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