La mala ortografía. Un tema para el debate

Para muchas personas la buena ortografía no ha sido nunca una prioridad. No hay más que darse una vuelta por las redes sociales para sufrir la ligereza con la que algunos muestran al gran mundo sus deficiencias lingüísticas. Algo sorprendente, pues las redes sociales son, antes que nada, palabra escrita.  Podremos compartir en nuestro muro de Facebook deseos, frustraciones o reflexiones mediante vídeos o imágenes, pero la gran herramienta en Internet es, sin duda, la escritura. Y si esta es llamativamente errónea, el lector podría desviar su atención del contenido para centrarse en su agramaticalidad.

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5 consejos que te ayudarán a mejorar tu escritura

Escribir con la máxima corrección y pulcritud es, a partir de cierto nivel, una cuestión de matices. He llegado a esta conclusión después de leer numerosos manuscritos y libros redactados con una prosa digna que acaban malogrados por culpa de errores comunes, fáciles de evitar. Ocurre, en estos casos, que la buena impresión inicial se resiente antes o después. Puede que el lector común –entiéndase las cursivas– no repare en estos pequeños errores, pero un lector avezado sí que se va a dar cuenta, y no va a poder reprimir un mohín de disconformidad. (Donde hay un buen lector siempre hay un gran censor y donde hay un gran censor siempre hay un mohín de disconformidad).

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¿El azúcar o la azúcar? (Sustantivos ambiguos)

Días atrás, mientras tomábamos café, un amigo le reprochó a otro que hubiera dicho “Pásame la azúcar” en vez de “Pásame el azúcar”. El interpelado, poco sensible a disquisiciones lingüísticas, se encogió de hombros, aceptó la corrección de sumo agrado (al fin y al cabo, quien tiene boca se equivoca) y prosiguió con entusiasmo su narración doméstica (que no voy a detallar, pues no viene al caso).

Pero ¿tenía razón el amigo que defendía que azúcar es un sustantivo masculino? La tenía y no la tenía. Quiero decir: “el azúcar” es correcto, pero también lo es “la azúcar”.

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5 métodos sencillos para hacer copias de seguridad de tus textos

Copias de seguridad de tus textos

Algunos medios de comunicación divulgaron hace poco la estampa de Gideon Hodge, un escritor desconocido –al menos para mí– que reside en Nueva Orleans (ojo: es incorrecto escribir Orleáns, con tilde). El buen hombre fue captado por las cámaras mientras corría desesperado para salvar de las llamas su ordenador, donde guardaba dos novelas terminadas aunque no publicadas. Muchos se mofaron de él en las redes sociales, perplejos de que hoy día haya alguien que no conserve en la Red una copia de sus archivos personales más importantes. (Yo mismo escribí un artículo –respetuoso, eso sí– en el que comentaba la desesperación de Hodge por salvar su obra del fuego.)

Pues bien, por mucho que pueda extrañaros, algunas personas no hacen copias de sus manuscritos. Lo repito en negritas y entre signos de exclamación: ¡Algunas personas no hacen copias de sus manuscritos! Lo sé porque en varias ocasiones he tenido que socorrer a un cliente que había perdido su novela cuando perdió su ordenador, y no tenía ninguna copia disponible. Por suerte, hago copia de todas las correcciones que realizo. Enviarles un email a estos clientes caídos en desgracia con sus manuscritos en archivos adjuntos, ya corregidos, fue para mí una tarea sencilla que ellos, aun hoy, me siguen agradeciendo. 

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11 locuciones habitualmente mal escritas

11 locuciones adverbiales habitualmente mal escritas

Es frecuente leer unidas palabras juntas que, en el buen uso del castellano, deberíamos escribir separadas.

Ocurre con mucha frecuencia, por ejemplo, con las locuciones. Algunas personas tienden a convertir locuciones de dos palabras en una, y locuciones de tres palabras en dos. 

Sin más dilación, veamos 11 casos de locuciones habitualmente mal escritas. El error, ya se ha dicho, es que no se respeta la correcta separación  de las palabras que la forman. 

 

1 De repente

Locución adverbial que significa “súbitamente”. Son incorrectas las voces “derepente” y “derrepente”.

 

2 De acuerdo

Locución adverbial que significa “con conformidad o igual opinión”. Es incorrecto escribir “deacuerdo”.

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Diana Quer, Cristiano Ronaldo y la mala prensa

Diana Quer, Cristiano Ronaldo, mala prensa

 

Decimos que una persona, un colectivo o una actividad tienen mala prensa cuando cualquier referencia a ellos viene envuelta en una crítica negativa. Aunque ahora la expresión “tener mala prensa” significa “tener mala imagen” o “tener mala reputación” sin necesidad de estar asociada a los medios de comunicación, estos siguen siendo el dedo inquisitorio que puede enviar de por vida a un pobre mortal a la pira de la reprobación social.   

Un ejemplo de personaje público con mala prensa, haga lo que haga, es Cristiano Ronaldo. Da igual que sea uno de los mejores futbolistas de todos los tiempos, da igual que suponga un ejemplo de superación para millones de chicos y chicas, da igual que afrontara la muerte de un padre alcohólico eligiendo el sano camino del deporte, da igual que apoye causas altruistas, da igual que haya donado 165.000 dólares para un centro que lucha contra el cáncer y 83.000 para un niño que necesitaba una neurocirugía… Nada de eso importa. Cristiano Ronaldo es chulo, prepotente, engreído. Y no hay más que hablar.

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¿Podar los textos nos hace mejores escritores?

Es moneda corriente la creencia de que podar un buen puñado de palabras supone un digno ejercicio literario y una norma muy productiva para mejorar el estilo de nuestros escritos. Lo he oído hasta la saciedad: en talleres literarios, en presentaciones de libros, en artículos sobre corrección o sobre creación literaria, en entrevistas a escritores, etcétera. Me cuesta refrenar un mohín de rechazo cuando escucho o leo afirmaciones tan tajantes como “recortar es perfeccionar”, y no porque esté en contra de este postulado, sino por la ausencia de matices. En estos casos no puedo evitar pensar en otra verdad a medias, igual de manida: “beber agua en grandes cantidades adelgaza”. Pues depende: si uno bebe dos litros y medio de agua diarios pero al mismo tiempo se atiborra a comer dulces, es dudoso que llegue a adelgazar.

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Cómo evitar el uso abusivo del verbo ‘decir’ en los diálogos

 

Ningún buen narrador puede permitirse el lujo de escribir diálogos malos. Pero escribir buenos diálogos, esos que cuentan mucho de los personajes y de su manera de relacionarse entre sí, no es sencillo.

No es tarea del corrector de estilo enseñar a escribir sino corregir lo ya escrito. No voy a dar, pues, una clase de taller literario, pero sí ofrezco a continuación algunos consejos que ayudarán a los autores a obviar un error habitual: el abuso de la forma verbal ‘dijo’ (o ‘dice’, si la narración está en presente) a la hora de articular los diálogos.

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Los peligrosos tiempos verbales del mayordomo

tiempos verbales, mayordomo, Marqués de Urquijo

 

Hojeando periódicos atrasados he encontrado una edición de Público, correspondiente al 27 de octubre de 2010, que trae una nota en la contraportada, en la sección Visto/dicho/oído, que ilustra sobre lo peligroso que puede resultar hablar con incorrección. Resulta que el mayordormo de los marqueses de Urquijo, asesinados en 1981, acudió a un programa de televisión de Telecinco y durante su intervención se dedicó a sustituir el imperfecto de subjuntivo por el infinitivo. El resultado: por culpa de los tiempos verbales mal empleados, se podría entender de sus declaraciones que había sido él quien había asesinado a los marqueses. 

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Hablar en primera persona del plural

Vicente del Bosque

Hablar en primera persona de plural debe de estar asociado a algún trastorno psicológico aún por determinar. Para quien no se haya parado a estudiar un poco el caso, ahí van tres ejemplos de plural engañoso y un cuarto (que explica quizá los tres primeros):

-El plural mayestático (“hemos elegido para esta antología a estos autores que…”). Y lo cierto es que el antólogo es uno. Aunque le cueste ponerse de acuerdo consigo mismo.

-El plural Vicente del Bosque (“hemos llevado a la selección española a los jugadores que consideramos están más en forma”). Los ha elegido él, pero por humildad o por sentirse más apoyado usa el plural.

-El plural deportivo positivo (“hemos ganado la undécima Champions. ¡Hala, Madrid!). Todo ello sin moverse del mullido sofá…

-El plural deportivo negativo. Se da cuando el equipo afín vuelve a perder. (“¡Son [aquí ya usan el pronombre ‘ellos’] unos señoritos millonarios que no sudan la camiseta.”).

En fin, en esta vida quien no se consuela es porque no conoce la utilidad de hablar en plural.